notes from Germany and beyond - thrown into the sea - waiting to be read
Thursday, 19 April 2018
Wednesday, 18 April 2018
Pareja
Los ví en la calle que todos los gays frecuentan. En el café más
concurrido. Café Rico, Rudolfplatz, Colonia, centro. Uno más joven que
el otro. Otro más viejo que el uno. Turistas, ambos, quizás su primera
vez en Europa ¿viaje de aniversario, quizás? Prueban la suerte de la
vida gay abierta en el “Primer Mundo”, la tierra de las promesas, de los
ensueños de revista, de serie de televisión, píldora de la guía de
viajes. Seguramente muchos años de estar juntos, de una relación
disimulada, en algún país de Latinoamérica. Uno bebía de su café tímido.
Otro no se atrevía a probar el pastel. Tan nerviosos eran sus gestos,
tan irregular su forma de hablar, comprimida en complejos fáciles de
ver. Complejo por no ser tan sexy. Complejo por la juventud perdida.
Complejo por tantos años de clóset. Confundidos por no encajar en ese mundo extranjero, blanco y perfumado. Tan tímidos, con años a cuestas,
10, 15, 20, 30 años de pareja. Parecen dos esclavos contemplativos, en
un rincón del café, escondidos para observar, sin ser observados. Se
olvidan que aquí nadie los conoce. Se olvidan que aquí apenas son
notados, que nadie sabe su nombre, que nadie se los va a preguntar. Se olvidan que son libres.
Caligrafía
Tengo la peor letra del
mundo. Se rompió la caligrafía redonda y pura, controlada, hipercorrecta, de mi
infancia amaestrada. Amaestrada mi letra, amaestrado mi espíritu, amaestrados
mis trazos católicos, pasé años escribiendo igual, bajo el amparo de la Virgen
nunca fornicada, como si me observara vigilante mi madre, como si el profesor
de tercer año de primaria me observara, detrás de su abundante y bíblica barba,
escribía yo antes con una letra vigilada, perfecta, cuadriculada, castigada, y
enmarcada en las fronteras del papel de mi educación cartesiana, afrancesada,
agringada, mexicana a latigazos de la devoción mariana, esperando llenar yo las
hojas de mi cuaderno de contenido, para que mi mano infantil produjera la nota
perfecta,. Hasta que un día – un día las prisas se perdieron mis trazos. Probé
el tabaco y el alcohol, y más adelante aprendí a reírme con más fuerza bajo los
efectos de la mariguana y conciertos de rock, aprendí a salir y caminar por las
calles solitarias de noche, aprendí a no enamorarme más allá de dos semanas. Junto
a mis amigos, que también habían devastado su caligrafía, aprendí a besar muchas
bocas, aprendí a temblar de miedo en el consultorio del médico, esperando el
resultado del último test. Rompí mi caligrafía perfecta, y el fruto maduro cayó
de los árboles, el fruto maduro llenó de su perfume la noche, y el hueso del
fruto maduro dio otro árbol. La noche me expulsó en un empacar de maletas, y me
fui, muy lejos, a un lugar donde nunca pude mi forma de pronunciar la R, pero donde volví a escribir nuevamente,
donde encontré nuevamente mi letra, mi caligrafía, escondida en las neuronas de
mi pasado.
Mexico City
A late winter windstorm over Mexico City:
remember, citizens of the former Aztec empire, the power of Ehécatl, the wind
god - don't forget that ancient deities were never gone - they still live among
us: they take the metro in the rush hours, they eat from our same corn - they
have survived migrations, urbanization, revolutions, brutal capitalism. They
have given us the color of our skin. They can see us, but we cannot see them -
we can only hope to catch their voices through the never ending roar of the
planes crossing the urban sky.
Sunday, 15 April 2018
Estética
Madre mexicana a los 23 años
abre una estética en el barrio
corta el cabello a conocidos y paseantes
corte a 30 pesos
30 que se multiplican para alimentar
a los hijos de padre abandonados
cuántos niños no peinó con sus manos
cuántos secretos no escuchó confesar
cuántos manos no pintó
trenzas hechas y deshechas
tintes prolongados en horas de conversación
madre mexicana de 23 años
soltera y sola
y a la vez tan acompañada
por la música de las tijeras sobre el cabello
por las voces de la radio
por el aroma del shampoo
por las aspas del ventilador que giran
interminables
al cerrar la tarde
resuenan las balas a lo lejos
y la telenovela se interrumpe
el corte de cabello que nunca termina de perfeccionar
abre una estética en el barrio
corta el cabello a conocidos y paseantes
corte a 30 pesos
30 que se multiplican para alimentar
a los hijos de padre abandonados
cuántos niños no peinó con sus manos
cuántos secretos no escuchó confesar
cuántos manos no pintó
trenzas hechas y deshechas
tintes prolongados en horas de conversación
madre mexicana de 23 años
soltera y sola
y a la vez tan acompañada
por la música de las tijeras sobre el cabello
por las voces de la radio
por el aroma del shampoo
por las aspas del ventilador que giran
interminables
al cerrar la tarde
resuenan las balas a lo lejos
y la telenovela se interrumpe
el corte de cabello que nunca termina de perfeccionar
Tuesday, 10 April 2018
A sudden flashback
Sometimes, when I read books in Spanish, my Mexican self emerges in full blossom, so I go to the kitchen, manage to cook a Mexican dish, somehow, with the scarce ingredientes available. In a bowl full of black beans and coriander, I remember the warmth of an April afternoon amid a German Spring rain. But still, my inner voices speaks to me in a foreign language which is already mine.
Monday, 9 April 2018
Kölsche Sproch
I wasn´t born speaking German - and I don´t remember when I heard the first German words, consciously - yet somehow I have managed to understand some dialects - my favourite one is the language of my home, adoptive city, kölsch. Kölsch is more than just a beer and ten funny commandents for practical life. It is a beautiful language, not only a dialect, it is German in a first state of fermentation, it is a language before Hochdeutsch, it is the language of my elderly neighbours, it is the language of some of my friends´s parents - they can´t talk to me in another tongue, even though they try as they know I was born and raised somewhere else, that my linguistic self is another - and still, I have managed to understand kölsch very well, I can laugh at jokes in kölsch, I can taste its beautiful nasal L and its gutural R, and the way the J is pronounced, like skating shoes moving across an ice field. My neighbours from Berlin - around my age- asked me recently how do I manage to communicate with old Frau XY - "you have to listen carefully, and use your common sense to understand the context - plus pay attention to phonemes". That was my simple answer. Yet it seems too complicated for many to perform such a basic task as LISTENING. But I do listen. I want to listen. Zuhören.
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